Durante mil años, los peregrinos han cruzado Europa para llegar a la Catedral de Santiago de Compostela, que se dice guarda los restos del apóstol Santiago. Llegar aquí en tren, tras ocho días por la costa, es completar un viaje de otra clase.
La Praza do Obradoiro, enmarcada por la fachada barroca de la catedral, es una de las grandes plazas de Europa. El casco antiguo que la rodea — Patrimonio de la Humanidad — es un laberinto de soportales de granito, conchas de vieira y aromas de la cocina gallega: pulpo, empanada, Albariño y la tarta de Santiago de almendra.
Fin del viaje
Santiago es el extremo occidental de la ruta. Muchos huéspedes prolongan su estancia para conocer la ciudad y la costa gallega.



