Oviedo, la elegante capital de Asturias, guarda un tesoro Patrimonio de la Humanidad: las iglesias prerrománicas del siglo IX de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, levantadas antes de que el resto de Europa hubiera imaginado siquiera el románico.
Gijón, en cambio, mira al mar — una animada ciudad portuaria de playas, el viejo barrio pesquero de Cimavilla y sidrerías donde la sidra se escancia teatralmente por encima de la cabeza.
La costa del viaje alcanza su mayor belleza en Cudillero, un anfiteatro de casas de colores que cae hasta un puerto diminuto, y en Luarca, la 'villa blanca de la costa verde'.



